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Descripción
Aunque no siempre lo veamos así (quizás aún menos un lunes por la mañana), el trabajo es un regalo de Dios. Pero, ¿qué ocurre cuando el trabajo se convierte en un fin en sí mismo, centrándose en nuestros logros y tentándonos a descuidar precisamente aquellas relaciones en las que deberíamos estar invirtiendo? En ese momento, dice Salomón, todo carece de sentido: es como perseguir el viento. En el mensaje de esta semana, basado en Eclesiastés 4–5, el pastor Bryan nos ayuda a replantearnos nuestro trabajo como algo que cobra mayor sentido cuando trasciende nuestro propio yo, tendiendo la mano para aliviar el sufrimiento de los oprimidos y elevándonos para conectar con Dios.